ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL ESPAÑOL.
La Historia del Idioma Español usualmente se remonta al período prerromano, ya que se considera que las lenguas prerromanas de la península ibérica (España y Portugal), ejercieron influencia en el latín hispánico que conferiría a las lenguas romances peninsulares. A partir del siglo III a. C., se produce la romanización de la península, proceso que se alargará hasta finales del siglo I a. C. Los primeros humanos llegaron a la península ibérica, al territorio de la actual España hace 35.000 años. Durante los milenios siguientes el territorio fue invadido y colonizado por celtas, fenicios, cartagineses, griegos y hacia el 200 a. C, la mayor parte de la península ibérica comenzó a formar parte del imperio Romano. La llegada de los Romanaos a la península ibérica se enmarca en el desarrollo de la Segunda Guerra Púnica, cuando el cartaginés Aníbal Barca desafió a la República del Tíber tomando la ciudad de Sagunto. A partir de ese momento, se inició un imparable proceso de conquista, dominación y posterior romanización del territorio peninsular y balear. Los primeros habitantes de lo que hoy es la península ibérica se establecieron a los lados de los Pirineos (cadena montañosa entre Francia y España). Este proceso afectará a muchos ámbitos de la vida peninsular, incluido el lingüístico.
Las lenguas prerromanas van teniendo un uso más limitado y se limitan cada vez más a las áreas rurales. Inicialmente se da un extensivo bilingüismo en los principales centros de ocupación romanos, y posteriormente la lengua Indígenas queda limitada a las regiones más aisladas. Así en el uso público son sustituidas por el latín, que es la lengua administrativa del Imperio Romano. No obstante, conviene señalar algunos factores que van a influir decisivamente en el ulterior desarrollo del latín, que dará la lugar a la aparición del castellano: en primer lugar, su situación geográfica: La distancia con el centro administrativo del imperio, Roma, y el aislamiento geográfico (a través de los Pirineos) y el Mar Mediterráneo, hacen que las innovaciones lingüísticas lleguen despacio y con retraso. Por otro lado, el origen de los conquistadores: la mayor parte de los romanos que colonizaron la península procedían del sur de Italia, zona en la que se hablaba una variedad del latín denominada latín vulgar que difiere de la reflejada en los textos clásicos. Desde un punto de vista estrictamente lingüístico se consideran tres estadios diferentes: español medieval, español medio y español moderno. El español medieval se refiere a las variantes del castellano habladas en la península ibérica entre el siglo X hasta entrado el siglo XV aproximadamente; más específicamente antes de que sucediera el reajuste consonántico que daría origen al español contemporáneo. La historia externa del español se refiere a la descripción cronológica de las influencias sociales, culturales, políticas e históricas que influyeron en los hechos lingüísticos. La historia externa contrasta con la historia interna (a veces llamada gramática histórica) del español, que se refiere a la descripción cronológica y la sucesión de cambios acaecidos dentro del propio sistema de la lengua. El español medio, español áurico o español de los siglos de oro es la variante de español usada entre finales del siglo XV y finales del siglo XVII marcada por una serie de cambios fonológicos y gramaticales que transformaron el castellano medieval en el moderno español. Entre los principales cambios pueden mencionarse el reajuste de las sibilantes, la pérdida de las fricativas sonoras, la fijación de la posición de los pronombres críticos o la equiparación de las formas compuestas de los verbos inergativos e inacusativos. Los hablantes de español que llegaron a América hablaban variantes de español medio y por tanto todas las formas de español actual son descendientes del español medio. Durante el Siglo de Oro la fijación del idioma había progresado mucho, pero los preceptos gramaticales habían tenido escasa influencia reguladora. Desde el siglo XVIII la elección es menos libre; se siente el peso de la literatura anterior. Sobre la estética gravita la idea de corrección gramatical y se acelera el proceso de estabilización emprendido por la lengua literaria desde Alfonso el Sabio. La evolución del idioma no se detuvo en ningún momento, lo cual se percibe en el lenguaje escrito que, con ser tan conservador, revela una constante renovación, aún más intensa que el hablado, a juzgar por la literatura. Las novedades y vulgarismos tropiezan desde el siglo XVIII con la barrera de normas establecidas que son muy lentas en sus concesiones. El reflejo de este conservadurismo es la fundación de La Real Academia Española (l713) y la protección oficial que recibió.