jueves, 5 de abril de 2012

LA COMUNICACIÓN ESCOLAR.



Una organización implica una red de vínculos entre los diferentes actores, con el contexto, con la letra. Un sistema de comunicaciones que funcione de manera clara y precisa es necesario para cualquier organización en la que los diferentes actores se relacionen entre sí y debe comprender y emitir mensajes a otros permanentemente. El cuidado de los canales de comunicación, los recorridos de los mensajes, es fundamental para que lo que se quiere comunicar no se desvirtúe. Las consecuencias de la comunicación distorsionada son siempre de alto costo para las organizaciones.
Aclarar los malos entendidos, sancionar a un alumno o docente que no sabía que debía hacer algo, escuchar el reclamo de los padres por cuestiones que no les fueron comunicadas por las vías correspondiente, insume mucha más energía que prestar atención a este fenómeno en  toda su complejidad en lugar de dar por sentado qué va a ocurrir. En la organización escolar el fenómeno comunicacional adquiere una dimensión que va más allá de la comunicación interna de los miembros y su relación con el contexto: el hecho pedagógico no es posible sin comunicación. La adecuada comunicación es imprescindible para cualquier acto de enseñanza. La comunicación es un fenómeno complejo en el que intervienen múltiples factores, además de alguien que comunica y alguien que recibe la comunicación. El hecho de que quien recibe el mensaje entienda lo que aquel que lo emitió quiso trasmitir, por ejemplo, depende de que manejen el mismo universo de significados, de la utilización del momento y el canal adecuado, de la historia de comunicaciones entre ambos y del contexto, entre otras cosas. La comunicación no es un acto que termina con la emisión de un mensaje. Comunicar implica que el otro reciba y comprenda ese mensaje, de alguna forma implica una cierta respuesta. Algunos de los factores intervinientes en el proceso de comunicación son: los lugares donde se desarrolla la comunicación, la distancia física entre los interlocutores, el soporte utilizado para comunicar, las personas presentes o ausentes en la comunicación, el status social de los interlocutores y las imágenes sobre los lugares de cada uno, las experiencias anteriores de comunicación, las características de personalidad, las motivaciones de esa comunicación, la información que cada uno dispone acerca del tema de comunicación, los códigos, la manera de expresarse, etcétera. Las organizaciones de tipo jerárquicas suelen tener organizadas las comunicaciones siguiendo la misma lógica que el resto de su funcionamiento.
Existe un control vertical de los mensajes y se otorga mayor importancia a la "bajada" del mensaje que a la "subida"; se cuida la emisión del mismo pero muchas veces no se verifica que haya sido recibido más que en el control formal, que no da cuenta de que haya sido comprendido. En primer lugar, suelen estar previstos mecanismos de comunicación a los padres o de éstos a la escuela en forma genérica pero no de comunicación "con" los padres o de ellos con alguno de los docentes en particular o de los padres entre sí. En segundo lugar, estas comunicaciones suelen estar asociadas a formalidades o sanciones. Formalidades en el sentido de reuniones o entrevistas fijadas para dar o recibir informaciones no siempre contextualizadas y que no siempre tienen sentido en ese momento ni son finalmente utilizadas. Del mismo modo ocurre con comunicaciones directivo-docentes, sector pedagógico-sector administrativo, docentes de distintos cursos entre sí o del mismo en diferentes áreas. Es importante tener presente que la comunicación es un acto que se da en un contexto comunicacional en el que adquiere significado. Hablar de significados implica asumir que la comunicación es real si hay compresión e intercambio y para que ello ocurra no puede acotarse a un acto mecánico de emisión-recepción de mensajes. Las dificultades en la comprensión y en la adecuación de las comunicaciones y sus consecuencias para la organización requieren una profunda reflexión acerca de los factores mencionados. La cuestión de los códigos también tiene mucha relevancia en las escuelas. El hablar en términos técnicos a personas que los desconocen suele ser una manera de excluirlos y mostrarles que ellos no comprenden, "no alcanza el nivel suficiente". Probablemente el mensaje pueda ser democrático y más o menos interesante pero en el acto mismo, en su expresión, está mostrando desconocimiento o minusvaloración del otro. En estos casos pareciera que la emisión del mensaje es formal o que, de manera encubierta, el mensaje real es "usted no logra entender tanto como yo". El hecho de poseer o no cierta información considerada valiosa otorgan poder. En este sentido las vías informales de comunicación suelen revestir de poderes a actores que no la tendrían de otra manera, un alumno que posee información acerca de un error de un docente o de un compañero podría utilizarlo para conseguir algún beneficio; tener información acerca de los cambios que ocurrirán en la escuela da poder a unos docentes sobre otros si no todos la poseen. La información oportuna y adecuada es fundamental para tomar decisiones racionales. En este sentido, conocer información de relevancia acerca de un curso o de un alumno puede resultar de interés a la hora de tomar decisiones sobre los mismos. Del mismo modo conocer información de más o "tergiversada" puede distorsionar esas decisiones. 
Cuando sólo se usa el lenguaje verbal (difícil, pues en la práctica nunca aparece desligado del gestual) hablamos de diálogo. Se dan dos formas extremas de diálogos por exceso o por defecto. Ambas, provocan distanciamiento entre maestros/as y alumnos/as. Hay maestros/a, que con la mejor de las intenciones, procuran crear un clima de diálogo con sus alumnos/as e intentan verbalizar absolutamente todo. Esta actitud fácilmente puede llevar a los maestros/as a convertirse en interrogadores o en sermoneadores, o ambas cosas. Los alumnos/as acaban por no escuchar o se escapan con evasivas. En estos casos, se confunde el diálogo con el monólogo y la comunicación con el aleccionamiento. El silencio es un elemento fundamental en el diálogo. Da tiempo al otro a entender lo que se ha dicho y lo que se ha querido decir. Un diálogo es una interacción y, para que sea posible, es necesario que los silencios permitan la intervención de todos los participantes.
Junto con el silencio está la capacidad de escuchar. Hay quien prescinde de lo que dice el otro, hace sus exposiciones y da sus opiniones, sin escuchar las opiniones de los demás. Cuando sucede esto, el interlocutor se da cuenta de la indiferencia del otro hacia él y acaba por perder la motivación por la conversación. Esta situación es la que con frecuencia se da entre maestros/as y alumnos/as. Los primeros creen que estos últimos no tienen nada que enseñarles y que no pueden cambiar sus opiniones. Escuchan poco a sus alumnos/as o si lo hacen es de una manera inquisidora, en una posición impermeable respecto al contenido de los argumentos de los alumnos/as. Esta situación es frecuente con alumnos/as adolescentes. Estamos ante uno de los errores más frecuentes en las relaciones paternofiliales: creer que con un discurso puede hacerse cambiar a una persona.
A través del diálogo, maestros/as y alumnos/as se conocen mejor, conocen sobre todo sus respectivas opiniones y su capacidad de verbalizar sentimientos, pero nunca la información obtenida mediante una conversación será más amplia y trascendente que la adquirida con la convivencia. Por esto, trasmite y educa mucho más la convivencia que la verbalización de los valores que se pretenden inculcar.
Por otro lado, todo diálogo debe albergar la posibilidad de la réplica. La predisposición a recoger el argumento del otro y admitir que puede no coincidir con el propio es una de las condiciones básicas para que el diálogo sea viable. Si se parte de diferentes planos de autoridad no habrá diálogo. La capacidad de dialogar tiene como referencia la seguridad que tenga en sí mismo cada uno de los interlocutores.
Hay que tener presente que la escuela es un punto de referencia capital para el niño y el joven: en ella puede aprender a dialogar y, con esta capacidad, favorecer actitudes tan importantes como la tolerancia, la asertividad, la habilidad dialéctica, la capacidad de admitir los errores y de tolerar las frustraciones.

Si es importante el diálogo en las relaciones interpersonales, lo es aún más la comunicación. La comunicación está guiada por los sentimientos y por la información que transmitimos y comprendemos. La comunicación sirve:

  • Para establecer contacto con las personas.
  • Para dar o recibir información.
  • Para expresar o comprender lo que pensamos.
  • Para transmitir nuestros pensamientos.
  • Para compartir o poner en común algo con alguien.
  • Para conectar emocionalmente con otros.
  • Para vincularnos o unirnos por el afecto.

Facilitadores de la comunicación:
Estos son algunos facilitadores:
  • Dar información positiva.
  • Ser recompensante.
  • Entrenar para mejorar nuestras habilidades de comunicación.
  • Empatizar o ponernos en el lugar del otro.
  • Dar mensajes consistentes y no contradictorios.
  • Saber escuchar con atención.
  • Expresar sentimientos.
  • Crear un clima emocional que facilite la comunicación.
  • Pedir el parecer a los demás.

Enemigos de la comunicación:
Cuanto más estrecha sea la relación, más importancia tendrá la comunicación no verbal. Cuando un miembro de una escuela llega a su casa puede percibir un mensaje de bienestar o tensión sin necesidad de mirar a la cara al resto de la escuela. En ocasiones, la falta de verbalización (de hablar) supone una grave limitación a la comunicación. Muchas veces la prisa de los maestros/as por recibir alguna información les impide conocer la opinión de sus alumnos/as y, de igual forma, impide que sus alumnos/as se den cuenta de la actitud abierta y predisposición a escuchar de los maestros/as.
La situación anterior es especialmente importante en la adolescencia. Son múltiples las situaciones en que los maestros/as sienten curiosidad por lo que hacen los alumnos/as y estos, ante una situación de exigencia responden con evasivas.
Otro impedimento para la comunicación es la impaciencia de algunos maestros/as para poder incidir educativamente en la conducta de sus alumnos/as. Todo el proceso educativo pasa por la relación que establecen maestros/as y alumnos/as, y esta se apoya en la comunicación; por eso es tan importante preservarla y mantener la alegría de disfrutarla. Para ello es suficiente que los maestros/as no quieren llevar siempre la razón y convencerse que comunicarse no es enfrentarse.
La vida familiar cuenta también con unos enemigos claros para establecer conversaciones y la relación interpersonal. La televisión en la comida, los horarios que dificultan el encuentro relajado, los desplazamientos de fin de semana… Hay que luchar frente a estas situaciones y adoptar una actitud de resistencia provocando un clima que facilite la comunicación.

Tipos de maestros/as según el uso de la comunicación:
            En función de las palabras que dirigimos a los niños podemos comunicar una actitud de escucha o, por el contrario, de ignorancia y desatención. Según analiza el psicólogo K. Steede en su libro Los diez errores más comunes de los maestros/as y cómo evitarlos, existe una tipología de maestros/as basada en las respuestas que ofrecen a sus alumnos/as y que derivan en las llamadas conversaciones cerradas, aquellas en las que no hay lugar para la expresión de sentimientos o, de haberla, estos se niegan o infravaloran: Los maestros/as autoritarios: temen perder el control de la situación y utilizan órdenes, gritos o amenazas para obligar al niño a hacer algo. Tienen muy poco en cuenta las necesidades del niño. Los maestros/as que hacen sentir culpa: interesados (consciente o inconscientemente) en que su alumno/a sepa que ellos son más listos y con más experiencia, estos maestros/as utilizan el lenguaje en negativo, infravalorando las acciones o las actitudes de sus alumnos/as. Comentario del tipo “no corras, que te caerás”, ves, ya te lo decía yo”, que esa torre del mecano era demasiado alta y se caería” o, “eres un desordenado incorregible”. Son frases aparentemente neutras que todos los maestros/as usamos alguna vez. Los maestros/as que quitan importancia a las cosas: es fácil caer en el hábito de restar importancia a los problemas de nuestros alumnos/as sobre todo si realmente pensamos que sus problemas son poca cosa en comparación a los nuestros. Comentarios del tipo “¡bah, no te preocupes, seguro que mañana volvéis a ser amiga!”, “no será para tanto, seguro que apruebas, llevas preparándote toda la semana” pretenden tranquilizar inmediatamente a un niño o a un joven en medio de un conflicto. Pero el resultado es un rechazo casi inmediato hacia el adulto que se percibe como poco o nada receptivo a escuchar. Los maestros/as que dan conferencias: la palabra más usada por los maestros/as en situaciones de “conferencia o de sermón” es: deberías. Son las típicas respuestas que pretenden enseñar al alumno/a en base a nuestra propia experiencia, desdeñando su caminar diario y sus caídas.
Por último, hay que mencionar la cantidad de situaciones en las que la comunicación es sinónimo de silencio (aunque parezca paradójico), En la vida del alumno/a, como en la de cualquier persona, hay ocasiones en que la relación más adecuada pasa por la compañía, por el apoyo silencioso. Ante un sermón del padre es preferible, a veces, una palmada en la espalda cargada de complicidad y de afecto, una actitud que demuestre disponibilidad y a la vez respeto por el dolor o sentimiento negativo que siente el otro.

Factores que intervienen en el proceso de la comunicación:
  1. Filosóficos
  2. Externos
  3. Internos
Filosóficos:
  • Problemas auditivos
  • Problemas visuales
  • Problemas en el aparato fonador
Externos:
  • Ruidos 
  • Culturas 
  • Lenguajes
Internos:
  • Distracciones
  • Emociones
  • Religiones
  • Motivaciones
  • Políticas
  • Enfermedades
  • Temores
Sin ninguna duda es parte del rol del educador hacer más placentero el proceso de educación-enseñanza, y esto solo es posible cuando existe una buena relación educador-educando, la ausencia de la comunicación en la educación constituye un desequilibrio en la base de la misma, por tanto se deja notar con claridad el vacío de comunicación entre docente y alumno por el hecho de seguir trabajando con estructuras conductistas; a pesar de recibir capacitaciones acerca de nuevos modelos de trabajo, considerando que en definición se habla de educación como proceso bidireccional
Entonces, es deber de los educadores hacer que este viejo paradigma llegue a su fin y de esta manera permitir que los alumnos tomen el papel que merecen en la relación del conocimiento (sujeto-objeto), de forma que se permita el desarrollo de la personalidad en los individuos que participan.
"La educación es comunicación, es diálogo, en la medida en que no es la transferencia del saber, sino un encuentro de sujetos interlocutores, que buscan la significación de los significados." "La comunicación no es la transferencia o transmisión de conocimientos de un sujeto a otro, sino su coparticipación en el acto de comprender la significación de los significados”.

Consejos prácticos:
1.- Observar el tipo de comunicación que se lleva a cabo con el/la alumno/a. Dedica unos días de observación libre de juicios y culpabilidades. Funciona muy bien conectar una grabadora en momentos habituales de conflicto o de sobrecarga familiar. Es un ejercicio sano pero, a veces, de conclusiones difíciles de aceptar cuando la dura realidad de actuación supera todas las previsiones ideales.
2.- Escuchar activa y reflexivamente cada una de las intervenciones de los/as alumnos/as. Valorar hasta qué punto merece prioridad frente a la tarea que se esté realizando; en cualquier caso, la respuesta ha de ser lo suficientemente correcta para no menospreciar su necesidad de comunicación.
3.- Si no se puede prestar la atención necesaria en ese momento, razonar con él un aplazamiento del acto comunicativo para más tarde. Se puede decir simplemente: “dame 10 minutos y enseguida estoy contigo”. Recordar después agradecer su paciencia y su capacidad de espera.
4.- Evitar emplear el mismo tipo de respuestas de forma sistemática para que el/la alumno/a no piense que siempre es autoritario/a, le hacen sentir culpable, le quitan importancia a las cosas o se le da sermones.
5.- Dejar las culpabilidades a un lado. Si hasta hoy no se ha sido un modelo de comunicador, pensar que se puede mejorar y adaptarse a una nueva forma de comunicación que revertirá en bien de la escuela suavizando o incluso extinguiendo muchos de los conflictos habituales con los alumnos/as.
6.- Cuando se decida cambiar o mejorar hacia una comunicación más abierta, es aconsejable establecer un tiempo de prueba, como una semana o un fin de semana, terminado el cual se pueda valorar si funciona o no y si se debe modificar algo más. Los maestros/as tienen los hábitos de conducta muy arraigados y cambiarlos requiere esfuerzo, dedicación y, sobre todo, paciencia (¡con ellos mismos!).