domingo, 6 de mayo de 2012

Narración, diálogo y descripción.


Narración.
El Pavo Real y la Gaviota.
Un pavo real, orgulloso, muy orgulloso, invitó a cenar a una gaviota, la cual llevaba por nombre: Martina. El pavo decidió preparar una comida realmente estupenda. A la hora del postre, entre sus arrogancias, comenzó a discutir con dicha gaviota acerca de cuál de los dos tendría mejores dones o bien sean, cualidades. Desplegando su hermosísima cola, el pavo real dijo:
- Este abanico de finísimas plumas es tan maravilloso que no  se puede comparar  con nada del mundo.
- Verdaderamente. Dijo la gaviota. -Debo de admitir que eres más hermoso que yo, pero, aunque tus plumas son más bonitas que las mías, no puedes volar. Soy capaz de volar muy alto y admirar desde arriba todas las maravillas que hay en la tierra. Pavo, ten siempre esto en cuenta: No todo lo que brilla es oro.
       




Diálogo.


-     Hola, Pedro!
-    ¿Cómo estás, Ana?
-    Muy bien, gracias. ¿Y tú?
-   Me alegra Ana. Yo excelente. ¡Qué bueno que te veo!
¿Podrías, por favor, prestarme tu libro de Matemáticas?
 Claro Pedro. No hay ningún problema. Puedes ir esta tarde a mi casa a buscarlo…
 Gracias, Ana. En realidad lo estoy necesitando mucho.
-   ¿Sí? ¿Y qué necesitas hacer? Si está en mis manos, yo podría ayudarte.
-  Ana, mil gracias. Esta tarde cuando nos veamos te explico qué debo hacer.
-         Ok. Quedamos así. Y… ¿Cómo se encuentra tu mamá?
-         Muy bien, gracias a Dios.
-         Bueno, salúdamela de mi parte.
-         Ok, con gusto. Hasta pronto Ana.
-         Hasta pronto Pedro.







Descripción
Mi mamá.

Mi mamá se llama Cira, tiene 52 años de edad y nació un 16 de Julio aquí en Maracaibo. Ella es ama de casa, tuvo aparte de mí, cinco hijos más y no es casada. Es pequeña de estatura, de contextura media, de piel morena, de ojos pardos y de cabello castaño. Quiso siempre formarse como Educadora pero no pudo lograrlo. Mi mamá es muy sabia, es ordenada y muy a menudo con un buen sentido del humor.  En la foto adjunta, nos encontrábamos en la celebración de mi graduación de Bachiller. Llevaba consigo una blusa color naranja, un short gris, llevaba su cabello recogido y lucía unos cómico anteojos. Mi mamá se muestra sencillísima, es fresca en todo en momento y para mí es un ejemplo a seguir. ¡YO A AMO A MI MAMÁ!








jueves, 5 de abril de 2012

LA COMUNICACIÓN ESCOLAR.



Una organización implica una red de vínculos entre los diferentes actores, con el contexto, con la letra. Un sistema de comunicaciones que funcione de manera clara y precisa es necesario para cualquier organización en la que los diferentes actores se relacionen entre sí y debe comprender y emitir mensajes a otros permanentemente. El cuidado de los canales de comunicación, los recorridos de los mensajes, es fundamental para que lo que se quiere comunicar no se desvirtúe. Las consecuencias de la comunicación distorsionada son siempre de alto costo para las organizaciones.
Aclarar los malos entendidos, sancionar a un alumno o docente que no sabía que debía hacer algo, escuchar el reclamo de los padres por cuestiones que no les fueron comunicadas por las vías correspondiente, insume mucha más energía que prestar atención a este fenómeno en  toda su complejidad en lugar de dar por sentado qué va a ocurrir. En la organización escolar el fenómeno comunicacional adquiere una dimensión que va más allá de la comunicación interna de los miembros y su relación con el contexto: el hecho pedagógico no es posible sin comunicación. La adecuada comunicación es imprescindible para cualquier acto de enseñanza. La comunicación es un fenómeno complejo en el que intervienen múltiples factores, además de alguien que comunica y alguien que recibe la comunicación. El hecho de que quien recibe el mensaje entienda lo que aquel que lo emitió quiso trasmitir, por ejemplo, depende de que manejen el mismo universo de significados, de la utilización del momento y el canal adecuado, de la historia de comunicaciones entre ambos y del contexto, entre otras cosas. La comunicación no es un acto que termina con la emisión de un mensaje. Comunicar implica que el otro reciba y comprenda ese mensaje, de alguna forma implica una cierta respuesta. Algunos de los factores intervinientes en el proceso de comunicación son: los lugares donde se desarrolla la comunicación, la distancia física entre los interlocutores, el soporte utilizado para comunicar, las personas presentes o ausentes en la comunicación, el status social de los interlocutores y las imágenes sobre los lugares de cada uno, las experiencias anteriores de comunicación, las características de personalidad, las motivaciones de esa comunicación, la información que cada uno dispone acerca del tema de comunicación, los códigos, la manera de expresarse, etcétera. Las organizaciones de tipo jerárquicas suelen tener organizadas las comunicaciones siguiendo la misma lógica que el resto de su funcionamiento.
Existe un control vertical de los mensajes y se otorga mayor importancia a la "bajada" del mensaje que a la "subida"; se cuida la emisión del mismo pero muchas veces no se verifica que haya sido recibido más que en el control formal, que no da cuenta de que haya sido comprendido. En primer lugar, suelen estar previstos mecanismos de comunicación a los padres o de éstos a la escuela en forma genérica pero no de comunicación "con" los padres o de ellos con alguno de los docentes en particular o de los padres entre sí. En segundo lugar, estas comunicaciones suelen estar asociadas a formalidades o sanciones. Formalidades en el sentido de reuniones o entrevistas fijadas para dar o recibir informaciones no siempre contextualizadas y que no siempre tienen sentido en ese momento ni son finalmente utilizadas. Del mismo modo ocurre con comunicaciones directivo-docentes, sector pedagógico-sector administrativo, docentes de distintos cursos entre sí o del mismo en diferentes áreas. Es importante tener presente que la comunicación es un acto que se da en un contexto comunicacional en el que adquiere significado. Hablar de significados implica asumir que la comunicación es real si hay compresión e intercambio y para que ello ocurra no puede acotarse a un acto mecánico de emisión-recepción de mensajes. Las dificultades en la comprensión y en la adecuación de las comunicaciones y sus consecuencias para la organización requieren una profunda reflexión acerca de los factores mencionados. La cuestión de los códigos también tiene mucha relevancia en las escuelas. El hablar en términos técnicos a personas que los desconocen suele ser una manera de excluirlos y mostrarles que ellos no comprenden, "no alcanza el nivel suficiente". Probablemente el mensaje pueda ser democrático y más o menos interesante pero en el acto mismo, en su expresión, está mostrando desconocimiento o minusvaloración del otro. En estos casos pareciera que la emisión del mensaje es formal o que, de manera encubierta, el mensaje real es "usted no logra entender tanto como yo". El hecho de poseer o no cierta información considerada valiosa otorgan poder. En este sentido las vías informales de comunicación suelen revestir de poderes a actores que no la tendrían de otra manera, un alumno que posee información acerca de un error de un docente o de un compañero podría utilizarlo para conseguir algún beneficio; tener información acerca de los cambios que ocurrirán en la escuela da poder a unos docentes sobre otros si no todos la poseen. La información oportuna y adecuada es fundamental para tomar decisiones racionales. En este sentido, conocer información de relevancia acerca de un curso o de un alumno puede resultar de interés a la hora de tomar decisiones sobre los mismos. Del mismo modo conocer información de más o "tergiversada" puede distorsionar esas decisiones. 
Cuando sólo se usa el lenguaje verbal (difícil, pues en la práctica nunca aparece desligado del gestual) hablamos de diálogo. Se dan dos formas extremas de diálogos por exceso o por defecto. Ambas, provocan distanciamiento entre maestros/as y alumnos/as. Hay maestros/a, que con la mejor de las intenciones, procuran crear un clima de diálogo con sus alumnos/as e intentan verbalizar absolutamente todo. Esta actitud fácilmente puede llevar a los maestros/as a convertirse en interrogadores o en sermoneadores, o ambas cosas. Los alumnos/as acaban por no escuchar o se escapan con evasivas. En estos casos, se confunde el diálogo con el monólogo y la comunicación con el aleccionamiento. El silencio es un elemento fundamental en el diálogo. Da tiempo al otro a entender lo que se ha dicho y lo que se ha querido decir. Un diálogo es una interacción y, para que sea posible, es necesario que los silencios permitan la intervención de todos los participantes.
Junto con el silencio está la capacidad de escuchar. Hay quien prescinde de lo que dice el otro, hace sus exposiciones y da sus opiniones, sin escuchar las opiniones de los demás. Cuando sucede esto, el interlocutor se da cuenta de la indiferencia del otro hacia él y acaba por perder la motivación por la conversación. Esta situación es la que con frecuencia se da entre maestros/as y alumnos/as. Los primeros creen que estos últimos no tienen nada que enseñarles y que no pueden cambiar sus opiniones. Escuchan poco a sus alumnos/as o si lo hacen es de una manera inquisidora, en una posición impermeable respecto al contenido de los argumentos de los alumnos/as. Esta situación es frecuente con alumnos/as adolescentes. Estamos ante uno de los errores más frecuentes en las relaciones paternofiliales: creer que con un discurso puede hacerse cambiar a una persona.
A través del diálogo, maestros/as y alumnos/as se conocen mejor, conocen sobre todo sus respectivas opiniones y su capacidad de verbalizar sentimientos, pero nunca la información obtenida mediante una conversación será más amplia y trascendente que la adquirida con la convivencia. Por esto, trasmite y educa mucho más la convivencia que la verbalización de los valores que se pretenden inculcar.
Por otro lado, todo diálogo debe albergar la posibilidad de la réplica. La predisposición a recoger el argumento del otro y admitir que puede no coincidir con el propio es una de las condiciones básicas para que el diálogo sea viable. Si se parte de diferentes planos de autoridad no habrá diálogo. La capacidad de dialogar tiene como referencia la seguridad que tenga en sí mismo cada uno de los interlocutores.
Hay que tener presente que la escuela es un punto de referencia capital para el niño y el joven: en ella puede aprender a dialogar y, con esta capacidad, favorecer actitudes tan importantes como la tolerancia, la asertividad, la habilidad dialéctica, la capacidad de admitir los errores y de tolerar las frustraciones.

Si es importante el diálogo en las relaciones interpersonales, lo es aún más la comunicación. La comunicación está guiada por los sentimientos y por la información que transmitimos y comprendemos. La comunicación sirve:

  • Para establecer contacto con las personas.
  • Para dar o recibir información.
  • Para expresar o comprender lo que pensamos.
  • Para transmitir nuestros pensamientos.
  • Para compartir o poner en común algo con alguien.
  • Para conectar emocionalmente con otros.
  • Para vincularnos o unirnos por el afecto.

Facilitadores de la comunicación:
Estos son algunos facilitadores:
  • Dar información positiva.
  • Ser recompensante.
  • Entrenar para mejorar nuestras habilidades de comunicación.
  • Empatizar o ponernos en el lugar del otro.
  • Dar mensajes consistentes y no contradictorios.
  • Saber escuchar con atención.
  • Expresar sentimientos.
  • Crear un clima emocional que facilite la comunicación.
  • Pedir el parecer a los demás.

Enemigos de la comunicación:
Cuanto más estrecha sea la relación, más importancia tendrá la comunicación no verbal. Cuando un miembro de una escuela llega a su casa puede percibir un mensaje de bienestar o tensión sin necesidad de mirar a la cara al resto de la escuela. En ocasiones, la falta de verbalización (de hablar) supone una grave limitación a la comunicación. Muchas veces la prisa de los maestros/as por recibir alguna información les impide conocer la opinión de sus alumnos/as y, de igual forma, impide que sus alumnos/as se den cuenta de la actitud abierta y predisposición a escuchar de los maestros/as.
La situación anterior es especialmente importante en la adolescencia. Son múltiples las situaciones en que los maestros/as sienten curiosidad por lo que hacen los alumnos/as y estos, ante una situación de exigencia responden con evasivas.
Otro impedimento para la comunicación es la impaciencia de algunos maestros/as para poder incidir educativamente en la conducta de sus alumnos/as. Todo el proceso educativo pasa por la relación que establecen maestros/as y alumnos/as, y esta se apoya en la comunicación; por eso es tan importante preservarla y mantener la alegría de disfrutarla. Para ello es suficiente que los maestros/as no quieren llevar siempre la razón y convencerse que comunicarse no es enfrentarse.
La vida familiar cuenta también con unos enemigos claros para establecer conversaciones y la relación interpersonal. La televisión en la comida, los horarios que dificultan el encuentro relajado, los desplazamientos de fin de semana… Hay que luchar frente a estas situaciones y adoptar una actitud de resistencia provocando un clima que facilite la comunicación.

Tipos de maestros/as según el uso de la comunicación:
            En función de las palabras que dirigimos a los niños podemos comunicar una actitud de escucha o, por el contrario, de ignorancia y desatención. Según analiza el psicólogo K. Steede en su libro Los diez errores más comunes de los maestros/as y cómo evitarlos, existe una tipología de maestros/as basada en las respuestas que ofrecen a sus alumnos/as y que derivan en las llamadas conversaciones cerradas, aquellas en las que no hay lugar para la expresión de sentimientos o, de haberla, estos se niegan o infravaloran: Los maestros/as autoritarios: temen perder el control de la situación y utilizan órdenes, gritos o amenazas para obligar al niño a hacer algo. Tienen muy poco en cuenta las necesidades del niño. Los maestros/as que hacen sentir culpa: interesados (consciente o inconscientemente) en que su alumno/a sepa que ellos son más listos y con más experiencia, estos maestros/as utilizan el lenguaje en negativo, infravalorando las acciones o las actitudes de sus alumnos/as. Comentario del tipo “no corras, que te caerás”, ves, ya te lo decía yo”, que esa torre del mecano era demasiado alta y se caería” o, “eres un desordenado incorregible”. Son frases aparentemente neutras que todos los maestros/as usamos alguna vez. Los maestros/as que quitan importancia a las cosas: es fácil caer en el hábito de restar importancia a los problemas de nuestros alumnos/as sobre todo si realmente pensamos que sus problemas son poca cosa en comparación a los nuestros. Comentarios del tipo “¡bah, no te preocupes, seguro que mañana volvéis a ser amiga!”, “no será para tanto, seguro que apruebas, llevas preparándote toda la semana” pretenden tranquilizar inmediatamente a un niño o a un joven en medio de un conflicto. Pero el resultado es un rechazo casi inmediato hacia el adulto que se percibe como poco o nada receptivo a escuchar. Los maestros/as que dan conferencias: la palabra más usada por los maestros/as en situaciones de “conferencia o de sermón” es: deberías. Son las típicas respuestas que pretenden enseñar al alumno/a en base a nuestra propia experiencia, desdeñando su caminar diario y sus caídas.
Por último, hay que mencionar la cantidad de situaciones en las que la comunicación es sinónimo de silencio (aunque parezca paradójico), En la vida del alumno/a, como en la de cualquier persona, hay ocasiones en que la relación más adecuada pasa por la compañía, por el apoyo silencioso. Ante un sermón del padre es preferible, a veces, una palmada en la espalda cargada de complicidad y de afecto, una actitud que demuestre disponibilidad y a la vez respeto por el dolor o sentimiento negativo que siente el otro.

Factores que intervienen en el proceso de la comunicación:
  1. Filosóficos
  2. Externos
  3. Internos
Filosóficos:
  • Problemas auditivos
  • Problemas visuales
  • Problemas en el aparato fonador
Externos:
  • Ruidos 
  • Culturas 
  • Lenguajes
Internos:
  • Distracciones
  • Emociones
  • Religiones
  • Motivaciones
  • Políticas
  • Enfermedades
  • Temores
Sin ninguna duda es parte del rol del educador hacer más placentero el proceso de educación-enseñanza, y esto solo es posible cuando existe una buena relación educador-educando, la ausencia de la comunicación en la educación constituye un desequilibrio en la base de la misma, por tanto se deja notar con claridad el vacío de comunicación entre docente y alumno por el hecho de seguir trabajando con estructuras conductistas; a pesar de recibir capacitaciones acerca de nuevos modelos de trabajo, considerando que en definición se habla de educación como proceso bidireccional
Entonces, es deber de los educadores hacer que este viejo paradigma llegue a su fin y de esta manera permitir que los alumnos tomen el papel que merecen en la relación del conocimiento (sujeto-objeto), de forma que se permita el desarrollo de la personalidad en los individuos que participan.
"La educación es comunicación, es diálogo, en la medida en que no es la transferencia del saber, sino un encuentro de sujetos interlocutores, que buscan la significación de los significados." "La comunicación no es la transferencia o transmisión de conocimientos de un sujeto a otro, sino su coparticipación en el acto de comprender la significación de los significados”.

Consejos prácticos:
1.- Observar el tipo de comunicación que se lleva a cabo con el/la alumno/a. Dedica unos días de observación libre de juicios y culpabilidades. Funciona muy bien conectar una grabadora en momentos habituales de conflicto o de sobrecarga familiar. Es un ejercicio sano pero, a veces, de conclusiones difíciles de aceptar cuando la dura realidad de actuación supera todas las previsiones ideales.
2.- Escuchar activa y reflexivamente cada una de las intervenciones de los/as alumnos/as. Valorar hasta qué punto merece prioridad frente a la tarea que se esté realizando; en cualquier caso, la respuesta ha de ser lo suficientemente correcta para no menospreciar su necesidad de comunicación.
3.- Si no se puede prestar la atención necesaria en ese momento, razonar con él un aplazamiento del acto comunicativo para más tarde. Se puede decir simplemente: “dame 10 minutos y enseguida estoy contigo”. Recordar después agradecer su paciencia y su capacidad de espera.
4.- Evitar emplear el mismo tipo de respuestas de forma sistemática para que el/la alumno/a no piense que siempre es autoritario/a, le hacen sentir culpable, le quitan importancia a las cosas o se le da sermones.
5.- Dejar las culpabilidades a un lado. Si hasta hoy no se ha sido un modelo de comunicador, pensar que se puede mejorar y adaptarse a una nueva forma de comunicación que revertirá en bien de la escuela suavizando o incluso extinguiendo muchos de los conflictos habituales con los alumnos/as.
6.- Cuando se decida cambiar o mejorar hacia una comunicación más abierta, es aconsejable establecer un tiempo de prueba, como una semana o un fin de semana, terminado el cual se pueda valorar si funciona o no y si se debe modificar algo más. Los maestros/as tienen los hábitos de conducta muy arraigados y cambiarlos requiere esfuerzo, dedicación y, sobre todo, paciencia (¡con ellos mismos!).

viernes, 11 de noviembre de 2011

El Proceso de la Comunicación.


EL PROCESO DE LA COMUNICACIÓN.


 La comunicación es un fenómeno inherente a la relación grupal de los seres vivos por medio del cual éstos obtienen información acerca de su entorno y de otros entornos y son capaces de compartirla haciendo partícipes a otros de esa información. La comunicación es el proceso mediante el cual se puede transmitir información de una entidad a otra. Los procesos de comunicación son interacciones mediadas por signos entre al menos dos agentes que comparten un mismo repertorio designios y tienen unas reglas semióticas comunes.
Tradicionalmente la comunicación se ha definido como "el intercambio de sentimientos, opiniones, o cualquier otro tipo de información mediante habla, escritura u otro tipo de señales". El funcionamiento de las sociedades humanas es posible gracias a la comunicación.
Desde un punto de vista técnico se entiende por comunicación el hecho que un determinado mensaje originado en el punto A llegue a otro punto determinado B, distante del anterior en el espacio o en el tiempo. La comunicación implica la transmisión de una determinada información.
Etimológicamente, la palabra comunicación deriva del latín “commūnicāre”, que puede traducirse como “poner en común, compartir algo”. Se considera una categoría polisémica en tanto su utilización no es exclusiva de una ciencia social en particular, teniendo connotaciones propias de la ciencia social de que se trate.
Todas las formas de comunicación requieren un emisor, un mensaje y un receptor destinado, pero el receptor no necesita estar presente ni consciente del intento comunicativo por parte del emisor para que el acto de comunicación se realice. En el proceso comunicativo, la información es incluida por el emisor en un paquete y canalizada hacia el receptor a través del medio. Una vez recibido, el receptor decodifica el mensaje y proporciona una respuesta.


Elementos del proceso de la comunicación:


Los elementos de la comunicación humana son: fuente, emisor o codificador, código (reglas del signo, símbolo), mensaje primario (bajo un código), receptor o decodificador, canal, ruido (barreras o interferencias) y la retroalimentación o realimentación (feed-back, mensaje de retorno o mensaje secundario).
• Fuente: Es el lugar de donde emana la información, los datos, el contenido que se enviará, en conclusión: de donde nace el mensaje primario.
• Emisor o codificador: Es el punto (persona, organización…) que elige y selecciona los signos adecuados para transmitir su mensaje; es decir, los codifica para poder llevarlo de manera entendible al receptor. En el emisor se inicia el proceso comunicativo.
• Receptor o decodificador: Es el punto (persona, organización…) al que se destina el mensaje, realiza un proceso inverso al del emisor ya que en él está el descifrar e interpretar lo que el emisor quiere dar a conocer. Existen dos tipos de receptor, el pasivo que es el que sólo recibe el mensaje, y el receptor activo o perceptor ya que es la persona que no sólo recibe el mensaje sino que lo percibe y lo almacena. El mensaje es recibido tal como el emisor quiso decir, en este tipo de receptor se realiza lo que comúnmente denominamos el feed-back o retroalimentación.
 Código: Es el conjunto de reglas propias de cada sistema de signos y símbolos que el emisor utilizará para trasmitir su mensaje, para combinarlos de manera arbitraria porque tiene que estar de una manera adecuada para que el receptor pueda captarlo. Un ejemplo claro es el código que utilizan los marinos para poder comunicarse; la gramática de algún idioma; los algoritmos en la informática…, todo lo que nos rodea son códigos.
• Mensaje: Es el contenido de la información (contenido enviado): el conjunto de ideas, sentimientos, acontecimientos expresados por el emisor y que desea trasmitir al receptor para que sean captados de la manera que desea el emisor. El mensaje es la información.
• Canal: Es el medio a través del cual se transmite la información-comunicación, estableciendo una conexión entre el emisor y el receptor. Mejor conocido como el soporte material o espacial por el que circula el mensaje. Ejemplos: el aire, en el caso de la voz; el hilo telefónico, en el caso de una conversación telefónica.
• Referente: Realidad que es percibida gracias al mensaje. Comprende todo aquello que es descrito por el mensaje.
• Situación: Es el tiempo y el lugar en que se realiza el acto comunicativo.
• Interferencia o barrera: Cualquier perturbación que sufre la señal en el proceso comunicativo, se puede dar en cualquiera de sus elementos. Son las distorsiones del sonido en la conversación, o la distorsión de la imagen de la televisión, la alteración de la escritura en un viaje, la afonía del hablante, la sordera del oyente, la ortografía defectuosa, la distracción del receptor, el alumno que no atiende aunque esté en silencio.
• Retroalimentación o realimentación (mensaje de retorno): Es la condición necesaria para la interactividad del proceso comunicativo, siempre y cuando se reciba una respuesta (actitud, conducta…) sea deseada o no. Logrando la interacción entre el emisor y el receptor. Puede ser positiva (cuando fomenta la comunicación) o negativa (cuando se busca cambiar el tema o terminar la comunicación). Si no hay realimentación, entonces solo hay información más no comunicación.


Componentes de una buena comunicación: 


La comunicación interpersonal implica no solamente las palabras que se utilizan al hablar, sino también gestos, expresión facial, mirada, tono de voz, énfasis, movimientos de las manos, etc.
No es importante solamente lo que se dice, sino también cómo se dice. Las peculiaridades de cada uno a la hora de expresarse suelen reflejar algunas características de su personalidad.
Es importante tener en cuenta que en la comunicación juegan un papel importante las actitudes personales, ya que indican hasta que punto estamos preparados para escuchar lo que los demás tienen que decir y la interpretación que hacemos de lo que hemos oído.
Si aprendemos a comunicarnos correctamente seremos capaces de expresar lo que queremos sin crear tensiones ni herir sentimientos.
La mirada.
La mirada es uno de los aspectos claves en la comunicación, casi todas las interacciones humanas dependen de miradas recíprocas. De ahí la importancia de hablar mirando directamente a la persona que habla, manteniendo contacto ocular, sin desviar mucho la mirada a otros lugares, ni dejarla perdida.
Intenta adoptar una postura corporal cercana y relajada, inclinándote levemente y dirigiéndote siempre al que habla, mirándolo de frente. No ocultes las manos, puedes moverlas pero no en exceso y procura mantenerlas separadas de la cara.
Utilizar bien la mirada indica que estamos atendiendo e interesados en lo que nos dicen los demás y ayuda a regular los turnos de palabra.
La expresión facial.
La expresión del rostro nos informa si se está comprendiendo lo que se está diciendo, si hay sorpresa, alegría, tristeza, si se está de acuerdo o en desacuerdo con lo que se está diciendo.
Lo importante es que nuestras expresiones estén de acuerdo con el mensaje que queremos transmitir.
Expresiones como sonreír, asentir con la cabeza, gesticular, posición de las cejas, etc. son gestos que transmiten información sobre las emociones y juegan un papel importante en la interacción.
El tono de voz.
Se debe hablar con claridad, la velocidad no debe ser ni muy rápida ni muy lenta, aunque a veces, el cambio de ritmo le da a la conversación un estilo más interesante.
Procura utilizar un tono de voz firme, confiada, uniforme y bien modulada. Intenta llamar a cada persona por su nombre y evita recurrir a los pronombres tú, ese, aquel, etc.
Los cambios de volumen de voz se suelen emplear para enfatizar aspectos de una conversación, ten en cuenta que una voz que varía poco en volumen puede no resultar muy interesante de escuchar.
Saber escuchar.
Es muy importante también saber escuchar y prestar atención a lo que están diciendo, para ello es necesario no interrumpir, permitir que expresen abiertamente todo lo que quieren transmitir y preguntar sobre aquellos aspectos que puedan quedar confusos.
Puedes utilizar verbalizaciones del tipo "si", "hum","ajá", asentir con la cabeza, formular preguntas breves matizando lo que están diciendo como ¿sí?, ¿no me digas? A través de ellas, no solo obtenemos información sino que también estamos manifestando nuestro interés por lo que la otra persona está diciendo y le estamos dando a entender que nos interesamos por sus comentarios.
Técnicas de comunicación eficaz:
Todos conocemos y podríamos citar en teoría cuales son los principios básicos para lograr una correcta comunicación, pero, tal vez por sonar a perogrullo, frecuentemente nos olvidamos de ellos. Algunas de las estrategias que podemos emplear son tan sencillas como la siguiente:
La escucha activa.
Uno de los principios más importantes y difíciles de todo el proceso comunicativo es el saber escuchar. La falta de comunicación que se sufre hoy día se debe en gran parte a que no se sabe escuchar a los demás. Se está más tiempo pendiente de las propias emisiones, y en esta necesidad propia de comunicar se pierde la esencia de la comunicación, es decir, poner en común, compartir con los demás. Existe la creencia errónea de que se escucha de forma automática, pero no es así. Escuchar requiere un esfuerzo superior al que se hace al hablar y también del que se ejerce al escuchar sin interpretar lo que se oye. Pero, ¿qué es realmente la escucha activa?
La escucha activa significa escuchar y entender la comunicación desde el punto de vista del que habla.


Algunos aspectos que mejoran la comunicación:


Al criticar a otra persona, hablar de lo que hace, no de lo que es. Las etiquetas no ayudan a que la persona cambie, sino que refuerzan sus defensas. Hablar de lo que es una persona sería: "te has vuelto a olvidar de sacar la basura. Eres un desastre"; mientras que hablar de lo que hace sería: "te has vuelto a olvidar de sacar la basura. Últimamente te olvidas mucho de las cosas".
Discutir los temas de uno en uno, no "aprovechar" que se está discutiendo, por ejemplo sobre la impuntualidad de la pareja, para reprocharle de paso que es un despistado, un olvidadizo y que no es cariñoso.
No ir acumulando emociones negativas sin comunicarlas, ya que producirían un estallido que conduciría a una hostilidad destructiva.
No hablar del pasado. Rememorar antiguas ventajas, o sacar a relucir los “trapos sucios” del pasado, no sólo no aporta nada provechoso, sino que despierta malos sentimientos. El pasado sólo debe sacarse a colación constructivamente, para utilizarlo de modelo cuando ha sido bueno e intentamos volver a poner en marcha conductas positivas quizá algo olvidadas. Pero es evidente que el pasado no puede cambiarse; por tanto hay que dirigir las energías al presente y al futuro.
Ser específico. Ser específico, concreto, preciso, es una de las normas principales de la comunicación. Tras una comunicación específica, hay cambios; es una forma concreta de avanzar. Cuando se es inespecífico, rara vez se moviliza nada. Si por ejemplo, nos sentimos solos/as y deseamos más tiempo para estar con nuestra pareja, no le diga únicamente algo así: “No me haces caso”, “Me siento solo/a”, “Siempre estás ocupado/a”. Aunque tal formulación exprese un sentimiento, si no hacemos una propuesta específica, probablemente las cosas no cambiarán. Sería apropiado añadir algo más. Por ejemplo: “¿Qué te parece si ambos nos comprometemos a dejar todo lo que tenemos entre manos a las 9 de la noche, y así podremos cenar juntos y charlar?”.
Evitar las generalizaciones. Los términos "siempre" y "nunca" raras veces son ciertos y tienden a formar etiquetas. Es diferente decir: "últimamente te veo algo ausente" que "siempre estás en las nubes". Para ser justos y honestos, para llegar a acuerdos, para producir cambios, resultan más efectivas expresiones del tipo: “La mayoría de veces”, “En ocasiones”, “Algunas veces”, “Frecuentemente”. Son formas de expresión que permiten al otro sentirse correctamente valorado.
Ser breve. Repetir varias veces lo mismo con distintas palabras, o alargar excesivamente el planteamiento, no es agradable para quién escucha. Produce la sensación de ser tratado como alguien de pocas luces o como un niño. En todo caso, corre el peligro de que le rehúyan por pesado cuando empiece a hablar. Hay que recordar que: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”.
Cuidar la comunicación no verbal. Para ello, tendremos en cuenta lo siguiente:
La comunicación no verbal debe de ir acorde con la verbal. Decir " ya sabes que te quiero" con cara de fastidio dejará a la otra persona peor que si no se hubiera dicho nada.
Contacto visual. Es el porcentaje de tiempo que se está mirando a los ojos de la otra persona. El contacto visual debe ser frecuente, pero no exagerado.
Afecto. Es el tono emocional adecuado para la situación en la que se está interactuando. Se basa en índices como el tono de voz, la expresión facial y el volumen de voz (ni muy alto ni muy bajo).
Elegir el lugar y el momento adecuados. En ocasiones, un buen estilo comunicativo, un modelo coherente o un contenido adecuado pueden irse al traste si no hemos elegido el momento adecuado para transmitirlo o entablar una relación. Es importante cuidar algunos aspectos que se refieren al momento en el que se quiere establecer la comunicación:
El ambiente: el lugar, el ruido que exista, el nivel de intimidad...
Si vamos a criticar o pedir explicaciones debemos esperar a estar a solas con nuestro interlocutor.
Si vamos a elogiarlo, será bueno que esté con su grupo u otras personas significativas.
Si ha comenzado una discusión y vemos que se nos escapa de las manos o que no es el momento apropiado utilizaremos frases como: “si no te importa podemos seguir discutiendo esto en... más tarde”.


La importancia de la comunicación:


El ser humano no puede vivir en solitario, nuestra propia condición humana nos impulsa a la convivencia. Nos obliga a pensar en el otro, a aceptarlo y a respetarlo. Para ser plenamente humanos tenemos que vivir con los humanos. Llegar al mundo es comenzar a vivir en sociedad. Vivimos en una sociedad que constantemente nos ofrece información, nos impone tareas, nos seduce, nos sirve pero que también nos exige servirla. No es, pues, posible desentenderse de ella.
Soy consciente que no es fácil la convivencia aún siendo connatural al ser humano. Las dificultades son muchas, quizás la primera radica en nosotros mismos, en nuestras actitudes narcisistas, egoístas, de indiferencia e individualismo, dificultades entre clases y sociales.
Por todo esto es necesario aprender a vivir con los demás y a convivir se aprende. Es necesario mucho altruismo, saber acoger y sobre todo mucha comunicación. La comunicación es un elemento esencial para el desarrollo de una sociedad. Por medio de la comunicación la sociedad tiene como finalidad, promover y desarrollar relaciones interpersonales entre los miembros de ella, para poder tener un intercambio de vidas. Es cierto que existen ruidos y barreras (diferencia de edad, ambiente, culturas diversas, situaciones personales, malentendidos...) que dificultan la comunicación. Muchos de estos ruidos no se pueden evitar. Pero siendo conscientes de ellos, es posible reducir su incidencia en el proceso comunicativo.
Los seres humanos somos seres sociales. Nos realizamos en relación con los demás, vivimos en sociedades complejas, pertenecemos a múltiples grupos (familia, amigos, trabajo...), influimos en otros y somos influidos por otros; por eso la comunicación es un elemento esencial para el desarrollo y la convivencia de una sociedad.
La comunicación es uno de los pilares básicos en los que se apoya cualquier tipo de relación humana y es provechosa en prácticamente todas las esferas de la actividad humana. Es crucial para el bienestar personal, para las relaciones íntimas, nos ayuda a superar situaciones delicadas, resolver conflictos, expresar sentimientos, defender nuestros intereses, evitar malas interpretaciones, etc.

miércoles, 19 de octubre de 2011

EL ESPAÑOL COMO LENGUA O IDIOMA.


ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL ESPAÑOL.

 La Historia del Idioma Español usualmente se remonta al período prerromano, ya que se considera que las lenguas prerromanas de la península ibérica (España y Portugal), ejercieron influencia en el latín hispánico que conferiría a las lenguas romances peninsulares. A partir del siglo III a. C., se produce la romanización de la península, proceso que se alargará hasta finales del siglo I a. C. Los primeros humanos llegaron a la península ibérica, al territorio de la actual España hace 35.000 años. Durante los milenios siguientes el territorio fue invadido y colonizado por celtas, fenicios, cartagineses, griegos y hacia el 200 a. C, la mayor parte de la península ibérica comenzó a formar parte del imperio Romano. La llegada de los Romanaos a la península ibérica se enmarca en el desarrollo de la Segunda Guerra Púnica, cuando el cartaginés Aníbal Barca desafió a la República del Tíber tomando la ciudad de Sagunto. A partir de ese momento, se inició un imparable proceso de conquista, dominación y posterior romanización del territorio peninsular y balear. Los primeros habitantes de lo que hoy es la península ibérica se establecieron a los lados de los Pirineos (cadena montañosa entre Francia y España). Este proceso afectará a muchos ámbitos de la vida peninsular, incluido el lingüístico.
 Las lenguas prerromanas van teniendo un uso más limitado y se limitan cada vez más a las áreas rurales. Inicialmente se da un extensivo bilingüismo en los principales centros de ocupación romanos, y posteriormente la lengua Indígenas queda limitada a las regiones más aisladas. Así en el uso público son sustituidas por el latín, que es la lengua administrativa del Imperio Romano. No obstante, conviene señalar algunos factores que van a influir decisivamente en el ulterior desarrollo del latín, que dará la lugar a la aparición del castellano: en primer lugar, su situación geográfica: La distancia con el centro administrativo del imperio, Roma, y el aislamiento geográfico (a través de los Pirineos) y el Mar Mediterráneo, hacen que las innovaciones lingüísticas lleguen despacio y con retraso. Por otro lado, el origen de los conquistadores: la mayor parte de los romanos que colonizaron la península procedían del sur de Italia, zona en la que se hablaba una variedad del latín denominada latín vulgar que difiere de la reflejada en los textos clásicos. Desde un punto de vista estrictamente lingüístico se consideran tres estadios diferentes: español medieval, español medio y español moderno.  El español medieval se refiere a las variantes del castellano habladas en la península ibérica entre el siglo X hasta entrado el siglo XV aproximadamente; más específicamente antes de que sucediera el reajuste consonántico  que daría origen al español contemporáneo. La historia externa del español se refiere a la descripción cronológica de las influencias sociales, culturales, políticas e históricas que influyeron en los hechos lingüísticos. La historia externa contrasta con la historia interna (a veces llamada gramática histórica) del español, que se refiere a la descripción cronológica y la sucesión de cambios acaecidos dentro del propio sistema de la lengua. El español medio, español áurico o español de los siglos de oro es la variante de español usada entre finales del siglo XV y finales del siglo XVII marcada por una serie de cambios fonológicos y gramaticales que transformaron el castellano  medieval en el moderno español. Entre los principales cambios pueden mencionarse el reajuste de las sibilantes, la pérdida de las fricativas sonoras, la fijación de la posición de los pronombres críticos o la equiparación de las formas compuestas de los verbos inergativos e inacusativos. Los hablantes de español que llegaron a América hablaban variantes de español medio y por tanto todas las formas de español actual son descendientes del español medio. Durante el Siglo de Oro la fijación del idioma había progresado mucho, pero los preceptos gramaticales habían tenido escasa influencia reguladora. Desde el siglo XVIII la elección es menos libre; se siente el peso de la literatura anterior. Sobre la estética gravita la idea de corrección gramatical y se acelera el proceso de estabilización emprendido por la lengua literaria desde Alfonso el Sabio. La evolución del idioma no se detuvo en ningún momento, lo cual se percibe en el lenguaje escrito que, con ser tan conservador, revela una constante renovación, aún más intensa que el hablado, a juzgar por la literatura. Las novedades y vulgarismos tropiezan desde el siglo XVIII con la barrera de normas establecidas que son muy lentas en sus concesiones. El reflejo de este conservadurismo es la fundación de La Real Academia Española (l713) y la protección oficial que recibió.