Una organización implica una red de
vínculos entre los diferentes actores, con el contexto, con la letra. Un
sistema de comunicaciones que funcione de manera clara y precisa es necesario
para cualquier organización en la que los diferentes actores se relacionen
entre sí y debe comprender y emitir mensajes a otros permanentemente. El
cuidado de los canales de comunicación, los recorridos de los mensajes, es
fundamental para que lo que se quiere comunicar no se desvirtúe. Las
consecuencias de la comunicación distorsionada son siempre de alto costo para
las organizaciones.
Aclarar los malos entendidos, sancionar a
un alumno o docente que no sabía que debía hacer algo, escuchar el reclamo de
los padres por cuestiones que no les fueron comunicadas por las vías
correspondiente, insume mucha más energía que prestar atención a este fenómeno
en toda su complejidad en lugar de dar por sentado qué va a ocurrir. En
la organización escolar el fenómeno comunicacional adquiere una dimensión que
va más allá de la comunicación interna de los miembros y su relación con el
contexto: el hecho pedagógico no es posible sin comunicación. La adecuada
comunicación es imprescindible para cualquier acto de enseñanza. La
comunicación es un fenómeno complejo en el que intervienen múltiples
factores, además de alguien que comunica y alguien que recibe la comunicación.
El hecho de que quien recibe el mensaje entienda lo que aquel que lo emitió
quiso trasmitir, por ejemplo, depende de que manejen el mismo universo de
significados, de la utilización del momento y el canal adecuado, de la
historia de comunicaciones entre ambos y del contexto, entre otras cosas. La
comunicación no es un acto que termina con la emisión de un mensaje. Comunicar
implica que el otro reciba y comprenda ese mensaje, de alguna forma implica una
cierta respuesta. Algunos de los factores intervinientes en el proceso de
comunicación son: los lugares donde se desarrolla la comunicación, la distancia
física entre los interlocutores, el soporte utilizado para comunicar, las
personas presentes o ausentes en la comunicación, el status social de los
interlocutores y las imágenes sobre los lugares de cada uno, las experiencias
anteriores de comunicación, las características de personalidad, las
motivaciones de esa comunicación, la información que cada uno dispone acerca
del tema de comunicación, los códigos, la manera de expresarse, etcétera. Las
organizaciones de tipo jerárquicas suelen tener organizadas las comunicaciones
siguiendo la misma lógica que el resto de su funcionamiento.
Existe un control vertical de los mensajes
y se otorga mayor importancia a la "bajada" del mensaje que a la
"subida"; se cuida la emisión del mismo pero muchas veces no se
verifica que haya sido recibido más que en el control formal, que no da cuenta
de que haya sido comprendido. En primer lugar, suelen estar previstos
mecanismos de comunicación a los padres o de éstos a la escuela en forma
genérica pero no de comunicación "con" los padres o de ellos con
alguno de los docentes en particular o de los padres entre sí. En segundo
lugar, estas comunicaciones suelen estar asociadas a formalidades o sanciones.
Formalidades en el sentido de reuniones o entrevistas fijadas para dar o
recibir informaciones no siempre contextualizadas y que no siempre tienen sentido
en ese momento ni son finalmente utilizadas. Del mismo modo ocurre con
comunicaciones directivo-docentes, sector pedagógico-sector administrativo,
docentes de distintos cursos entre sí o del mismo en diferentes áreas. Es
importante tener presente que la comunicación es un acto que se da en un
contexto comunicacional en el que adquiere significado. Hablar de significados
implica asumir que la comunicación es real si hay compresión e intercambio y
para que ello ocurra no puede acotarse a un acto mecánico de emisión-recepción
de mensajes. Las dificultades en la comprensión y en la adecuación de las
comunicaciones y sus consecuencias para la organización requieren una profunda
reflexión acerca de los factores mencionados. La cuestión de los códigos también
tiene mucha relevancia en las escuelas. El hablar en términos técnicos a
personas que los desconocen suele ser una manera de excluirlos y mostrarles que
ellos no comprenden, "no alcanza el nivel suficiente". Probablemente
el mensaje pueda ser democrático y más o menos interesante pero en el acto
mismo, en su expresión, está mostrando desconocimiento o minusvaloración del
otro. En estos casos pareciera que la emisión del mensaje es formal o que,
de manera encubierta, el mensaje real es "usted no logra entender tanto
como yo". El hecho de poseer o no cierta información considerada valiosa
otorgan poder. En este sentido las vías informales de comunicación suelen
revestir de poderes a actores que no la tendrían de otra manera, un alumno que
posee información acerca de un error de un docente o de un compañero podría
utilizarlo para conseguir algún beneficio; tener información acerca de los
cambios que ocurrirán en la escuela da poder a unos docentes sobre otros si no
todos la poseen. La información oportuna y adecuada es fundamental para tomar
decisiones racionales. En este sentido, conocer información de relevancia
acerca de un curso o de un alumno puede resultar de interés a la hora de tomar
decisiones sobre los mismos. Del mismo modo conocer información de más o
"tergiversada" puede distorsionar esas decisiones.
Cuando sólo se usa el lenguaje verbal
(difícil, pues en la práctica nunca aparece desligado del gestual) hablamos de
diálogo. Se dan dos formas extremas de diálogos por exceso o por defecto.
Ambas, provocan distanciamiento entre maestros/as y alumnos/as. Hay maestros/a,
que con la mejor de las intenciones, procuran crear un clima de diálogo con sus
alumnos/as e intentan verbalizar absolutamente todo. Esta actitud fácilmente
puede llevar a los maestros/as a convertirse en interrogadores o en
sermoneadores, o ambas cosas. Los alumnos/as acaban por no escuchar o se
escapan con evasivas. En estos casos, se confunde el diálogo con el monólogo y
la comunicación con el aleccionamiento. El silencio es un elemento fundamental
en el diálogo. Da tiempo al otro a entender lo que se ha dicho y lo que se ha
querido decir. Un diálogo es una interacción y, para que sea posible, es
necesario que los silencios permitan la intervención de todos los
participantes.
Junto con el silencio está la capacidad de
escuchar. Hay quien prescinde de lo que dice el otro, hace sus exposiciones y
da sus opiniones, sin escuchar las opiniones de los demás. Cuando sucede esto,
el interlocutor se da cuenta de la indiferencia del otro hacia él y acaba por
perder la motivación por la conversación. Esta situación es la que con
frecuencia se da entre maestros/as y alumnos/as. Los primeros creen que estos
últimos no tienen nada que enseñarles y que no pueden cambiar sus opiniones.
Escuchan poco a sus alumnos/as o si lo hacen es de una manera inquisidora, en
una posición impermeable respecto al contenido de los argumentos de los
alumnos/as. Esta situación es frecuente con alumnos/as adolescentes. Estamos
ante uno de los errores más frecuentes en las relaciones paternofiliales: creer
que con un discurso puede hacerse cambiar a una persona.
A través del diálogo, maestros/as y
alumnos/as se conocen mejor, conocen sobre todo sus respectivas opiniones y su
capacidad de verbalizar sentimientos, pero nunca la información obtenida
mediante una conversación será más amplia y trascendente que la adquirida con
la convivencia. Por esto, trasmite y educa mucho más la convivencia que la
verbalización de los valores que se pretenden inculcar.
Por otro lado, todo diálogo debe albergar
la posibilidad de la réplica. La predisposición a recoger el argumento del otro
y admitir que puede no coincidir con el propio es una de las condiciones
básicas para que el diálogo sea viable. Si se parte de diferentes planos de
autoridad no habrá diálogo. La capacidad de dialogar tiene como referencia la
seguridad que tenga en sí mismo cada uno de los interlocutores.
Hay que tener presente que la escuela es
un punto de referencia capital para el niño y el joven: en ella puede aprender
a dialogar y, con esta capacidad, favorecer actitudes tan importantes como la
tolerancia, la asertividad, la habilidad dialéctica, la capacidad de admitir
los errores y de tolerar las frustraciones.
Si es importante el diálogo en las
relaciones interpersonales, lo es aún más la comunicación. La comunicación está
guiada por los sentimientos y por la información que transmitimos y
comprendemos. La comunicación sirve:
- Para establecer contacto con las personas.
- Para dar o recibir información.
- Para expresar o comprender lo que pensamos.
- Para transmitir nuestros pensamientos.
- Para compartir o poner en común algo con alguien.
- Para conectar emocionalmente con otros.
- Para vincularnos o unirnos por el afecto.
Facilitadores
de la comunicación:
Estos son algunos facilitadores:
- Dar información positiva.
- Ser recompensante.
- Entrenar para mejorar nuestras habilidades de comunicación.
- Empatizar o ponernos en el lugar del otro.
- Dar mensajes consistentes y no contradictorios.
- Saber escuchar con atención.
- Expresar sentimientos.
- Crear un clima emocional que facilite la comunicación.
- Pedir el parecer a los demás.
Enemigos
de la comunicación:
Cuanto más estrecha sea la relación, más
importancia tendrá la comunicación no verbal. Cuando un miembro de una escuela
llega a su casa puede percibir un mensaje de bienestar o tensión sin necesidad
de mirar a la cara al resto de la escuela. En ocasiones, la falta de
verbalización (de hablar) supone una grave limitación a la comunicación. Muchas
veces la prisa de los maestros/as por recibir alguna información les impide
conocer la opinión de sus alumnos/as y, de igual forma, impide que sus
alumnos/as se den cuenta de la actitud abierta y predisposición a escuchar de
los maestros/as.
La situación anterior es especialmente
importante en la adolescencia. Son múltiples las situaciones en que los
maestros/as sienten curiosidad por lo que hacen los alumnos/as y estos, ante
una situación de exigencia responden con evasivas.
Otro impedimento para la comunicación es
la impaciencia de algunos maestros/as para poder incidir educativamente en la
conducta de sus alumnos/as. Todo el proceso educativo pasa por la relación que
establecen maestros/as y alumnos/as, y esta se apoya en la comunicación; por
eso es tan importante preservarla y mantener la alegría de disfrutarla. Para
ello es suficiente que los maestros/as no quieren llevar siempre la razón y
convencerse que comunicarse no es enfrentarse.
La vida familiar cuenta también con unos
enemigos claros para establecer conversaciones y la relación interpersonal. La
televisión en la comida, los horarios que dificultan el encuentro relajado, los
desplazamientos de fin de semana… Hay que luchar frente a estas situaciones y
adoptar una actitud de resistencia provocando un clima que facilite la comunicación.
Tipos de
maestros/as según el uso de la comunicación:
En
función de las palabras que dirigimos a los niños podemos comunicar una actitud
de escucha o, por el contrario, de ignorancia y desatención. Según analiza el
psicólogo K. Steede en su libro Los diez errores más comunes de los maestros/as
y cómo evitarlos, existe una tipología de maestros/as basada en las respuestas
que ofrecen a sus alumnos/as y que derivan en las llamadas conversaciones
cerradas, aquellas en las que no hay lugar para la expresión de sentimientos o,
de haberla, estos se niegan o infravaloran: Los maestros/as autoritarios: temen
perder el control de la situación y utilizan órdenes, gritos o amenazas para
obligar al niño a hacer algo. Tienen muy poco en cuenta las necesidades del niño.
Los maestros/as que hacen sentir culpa: interesados (consciente o
inconscientemente) en que su alumno/a sepa que ellos son más listos y con más
experiencia, estos maestros/as utilizan el lenguaje en negativo, infravalorando
las acciones o las actitudes de sus alumnos/as. Comentario del tipo “no corras,
que te caerás”, ves, ya te lo decía yo”, que esa torre del mecano era demasiado
alta y se caería” o, “eres un desordenado incorregible”. Son frases
aparentemente neutras que todos los maestros/as usamos alguna vez. Los
maestros/as que quitan importancia a las cosas: es fácil caer en el hábito de
restar importancia a los problemas de nuestros alumnos/as sobre todo si
realmente pensamos que sus problemas son poca cosa en comparación a los
nuestros. Comentarios del tipo “¡bah, no te preocupes, seguro que mañana
volvéis a ser amiga!”, “no será para tanto, seguro que apruebas, llevas
preparándote toda la semana” pretenden tranquilizar inmediatamente a un niño o
a un joven en medio de un conflicto. Pero el resultado es un rechazo casi
inmediato hacia el adulto que se percibe como poco o nada receptivo a escuchar.
Los maestros/as que dan conferencias: la palabra más usada por los maestros/as
en situaciones de “conferencia o de sermón” es: deberías. Son las típicas
respuestas que pretenden enseñar al alumno/a en base a nuestra propia
experiencia, desdeñando su caminar diario y sus caídas.
Por último, hay que mencionar la cantidad
de situaciones en las que la comunicación es sinónimo de silencio (aunque
parezca paradójico), En la vida del alumno/a, como en la de cualquier persona,
hay ocasiones en que la relación más adecuada pasa por la compañía, por el
apoyo silencioso. Ante un sermón del padre es preferible, a veces, una palmada
en la espalda cargada de complicidad y de afecto, una actitud que demuestre
disponibilidad y a la vez respeto por el dolor o sentimiento negativo que
siente el otro.
Factores
que intervienen en el proceso de la comunicación:
- Filosóficos
- Externos
- Internos
Filosóficos:
- Problemas auditivos
- Problemas visuales
- Problemas en el aparato fonador
Externos:
- Ruidos
- Culturas
- Lenguajes
Internos:
- Distracciones
- Emociones
- Religiones
- Motivaciones
- Políticas
- Enfermedades
- Temores
Sin
ninguna duda es parte del rol del educador hacer más placentero el proceso
de educación-enseñanza, y esto solo es posible cuando existe una
buena relación educador-educando, la ausencia de la comunicación en la
educación constituye un desequilibrio en la base de la misma, por tanto se deja notar con claridad el vacío de comunicación
entre docente y alumno por el
hecho de seguir trabajando con estructuras conductistas; a pesar de recibir capacitaciones acerca
de nuevos modelos de trabajo,
considerando que en definición se habla de educación como proceso
bidireccional
Entonces, es deber de los educadores hacer
que este viejo paradigma llegue a su fin y de esta manera permitir que los
alumnos tomen el papel que merecen en la relación del conocimiento (sujeto-objeto),
de forma que se permita el desarrollo de la personalidad en los individuos que
participan.
"La educación es
comunicación, es diálogo, en la medida en que no es la transferencia del saber,
sino un encuentro de sujetos interlocutores, que buscan la significación de los
significados." "La comunicación no es la transferencia o transmisión
de conocimientos de un sujeto a otro, sino su coparticipación en el acto de
comprender la significación de los significados”.
Consejos prácticos:
1.- Observar el tipo de comunicación que se lleva a
cabo con el/la alumno/a. Dedica unos días de observación libre de juicios y
culpabilidades. Funciona muy bien conectar una grabadora en momentos habituales
de conflicto o de sobrecarga familiar. Es un ejercicio sano pero, a veces, de
conclusiones difíciles de aceptar cuando la dura realidad de actuación supera
todas las previsiones ideales.
2.- Escuchar activa y reflexivamente cada una de las
intervenciones de los/as alumnos/as. Valorar hasta qué punto merece prioridad
frente a la tarea que se esté realizando; en cualquier caso, la respuesta ha de
ser lo suficientemente correcta para no menospreciar su necesidad de
comunicación.
3.- Si no se puede prestar la atención necesaria en
ese momento, razonar con él un aplazamiento del acto comunicativo para más
tarde. Se puede decir simplemente: “dame 10 minutos y enseguida estoy contigo”.
Recordar después agradecer su paciencia y su capacidad de espera.
4.- Evitar emplear el mismo tipo de respuestas de
forma sistemática para que el/la alumno/a no piense que siempre es
autoritario/a, le hacen sentir culpable, le quitan importancia a las cosas o se
le da sermones.
5.- Dejar las culpabilidades a un lado. Si hasta hoy
no se ha sido un modelo de comunicador, pensar que se puede mejorar y adaptarse
a una nueva forma de comunicación que revertirá en bien de la escuela
suavizando o incluso extinguiendo muchos de los conflictos habituales con los
alumnos/as.
6.- Cuando se decida cambiar o mejorar hacia una
comunicación más abierta, es aconsejable establecer un tiempo de prueba, como
una semana o un fin de semana, terminado el cual se pueda valorar si funciona o
no y si se debe modificar algo más. Los maestros/as tienen los hábitos de
conducta muy arraigados y cambiarlos requiere esfuerzo, dedicación y, sobre
todo, paciencia (¡con ellos mismos!).
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